Reyes Magos y verdad

Día 5. Víspera del 6. Nervios. Emoción. ¡Mañana vienen los Reyes! ¡Qué pasada!, ¿no?
Bueno, esa era la emoción estándar de cualquier niño ante este evento, incluido yo, hasta el año pasado. ¿O fue hace dos?
No lo sé. Pero añoro la ilusión que se sentía ante la cabalgata y los regalos.
Esto lo hilo con algo que he tenido presente durante mucho tiempo, y que veo que muchas grandes personas se han dado cuenta. La verdad y la felicidad son opuestas. Completamente antagónicas. Lo he visto desde en los Simpsons hasta en reflexiones más antiguas y profundas. Lo que llamamos felicidad es un conjunto de ilusiones, esperanzas, creencias, etc. Si investigáramos acerca de todo lo que nos rodea, nos daríamos cuenta de que ninguna de las pequeñas cosas que consideramos mágicas no lo son.
Esto a su vez lo uno con algo que quiero tratar en profundidad más adelante y que es un tanto (muy) polémico: no se puede considerar inteligente a una persona que cree en algún Dios o en lo sobrenatural. Me explico. Hablando con familiares (de derechas) me hablan de personas muy sabias y reconocidas públicamente que creen en Dios. Pero lo que hacen es memorizar. Ese tipo de “sabio” es el que se ha leido bibliotecas enteras, pero sin embargo no tiene la capacidad básica necesaria para con un par de premisas llegar a la conclusión de que un Dios es una invención del ser humano para agarrarse a algo ante la desilusión de la dura realidad. Con un par de reglas de tres, observación y eliminar los prejuicios y creencias populares, se puede llegar a entender y descubrir cualquier cosa. Siento la radicalidad de esta afirmación. Pero es cuestión de tener la mente abierta.
Algo que mencionaba @Juanangelovi en su última entrada era su deseo de hablar con un cura (o alguien religioso) de manera objetiva y ambos con la mente abierta acerca de la existencia de Dios. Ahí el problema. Alguien que cree en Dios, por pura evidencia no tiene mentalidad abierta. Si la tuviera, no podría creer en Dios. Podría querer creer, ya que los que menos saben son los más felices, ensimismados con tradiciones sobrecogedoras y gratificantes. Pero nunca creer. Una persona de mentalidad abierta puede ver si algo se sostiene o no. Una persona de mente cerrada inventa lo que haga falta para defender lo indefendible.
Por eso yo intento no creer, sino saber. Si no lo sé, investigo. Pero no puedo inventarme un ser fantástico que controla el mundo (o observa), que casualmente es invisible y omnipresente, al cual le hablamos para que nos ayude. Si nos pasa algo bueno a continuación, es que es maravilloso y estupendo, ya que cumple nuestros deseos. Que no nos pasa, pues es que nos está poniendo a prueba y aún no es el momento… ¡Así no se puede refutar! ¡Es un círculo perfecto! Lástima que quien supuso ese ciclo vicioso haya sido un ser humano. Muchos, para ser exactos. El resto lo ha creido porque es la opción más sencilla. Es mucho más complicado buscar respuestas. Respuestas de verdad, no ese parche que cubre todos los problemas. La filosofía, y posteriormente la ciencia, se encargan de investigar, descubrir.
Y tras este desfogue momentáneo, continúo con los Reyes.
Creencia popular ligada indiscutiblemente con la religión (¿dije ligada? INTRÍNSECA). No me voy a molestar en repetir lo evidente… Mi parte empática comprende perfectamente el inestimable valor de la ilusión de un niño al escribir la carta, ver la cabalgata, la impaciencia de la víspera, y la mañana con los regalos apilados en casa. Me parece en cierto modo comprensible. Pero no entiendo por qué a una determinada edad nos dicen (o descubrimos, pero principalmente nuestro entorno ya lo termina por sugerir) que esos seres fantásticos (véase los Reyes Magos, Papá Noel o el Ratoncito Pérez) no existen, pero sin embargo, uno mucho más imposible como es Dios, no.
Lo siento, no sé si ya lo he dicho, pero tengo dos personalidades: la empática, comprensiva, psicoanalizadora y la objetiva, racional, empírica y fría. Ambas observadoras. Y dependiendo del entorno en el que me encuentre brota más una u otra para equilibrar. Si el medio en el que me encuentro es muy respetuoso y amable, soy más radical para añadir un poco de objetividad. Si me encuentro entre otros como yo, fríos y tajantes, añado un poco de humanidad y humildad siendo comprensivo. Lo siento
Normalmente me hayo en el primer caso, y soy tajante (o borde) de manera innata.
Ahora, ya un poco más relajado, continuaré:
Hoy, día 5, víspera de Reyes. Todos los años me reuno con mi familia materna para ver la cabalgata con los más pequeñajos las carrozas y a sus majestades. Luego, en casa de mi abuela, toca roscón con un delicioso chocolate casero. Mmm… Uno de los mejores manjares del año después de las otras 364comidas… Mmmm…
Este año, vista mi indiferencia ante este acontecimiento unida a una repentina petición de mi sensible padre afectado por el clima de estas fechas, voy a presenciar el desfile de luces y disfraces con mi familia paterna, en casa de un primo mío que tiene una casa con balcón en una de las vías por las que pasa la cabalgata. Puede estar bien. Luego volveré a casa de mi abuela para no perderme el delicioso chocolate y el exquisito roscón
Supongo que twittearé durante toda la tarde y la noche. Si alguien se aburre, puede seguirme.
PD: propósito para este año: publicar en el blog de manera periódica. De cualquier cosa (reflexiones profundas, asignaturas, videojuegos…) Lo que sea.
PDD: ¿la imagen? Tú crees en los Reyes Magos, yo creo en Calimero