¿Qué vino antes? ¿El huevo o la gallina?

Esta es una de las preguntas que siempre me ha dado muchísima rabia.
La gente la deja al azar, algo imposible de saber…
Pero es obvio, solo hay que tener un poco de sentido común.
Omitiendo a ese ser fantástico y divino en el que cree una mayoría de personas, podemos decir que los seres vivos no aparecieron mágicamente.
¿Qué vino antes? ¿El bebé o el hombre?
Si nos ponemos a pensar, con la misma argumentación que la del huevo, también lo dejaríamos al azar. Pero con un poco de sentido común y utilizando las afirmaciones categóricas de la ciencia podemos decir que la evolución existe. El hombre viene del mono. ¿Un día un mono dio a luz a un ser humano? ¿Entonces el bebé vino primero? ¡NO! A ver, cuando una especie evoluciona, durante cientos, miles y millones de años sufre cambios innotables, solo perceptibles cuando se unen todos miles de años después.
Un día no apareció una gallina de la nada, por Dios. Teniendo en cuenta la teoría de Oparín (la cual me parece bastante lógica), si todo ser viene de los primeros microorganismos de los océanos, de un pez surgió la rana, de ahí la ardilla, de ahí el perro, etc. De ninguna de las nuevas especies vino primero la cría ni nada parecido. Han sido un conjunto de mutaciones que van conformando lo que llamamos “perro” o “gallina”. Un ser vivo con una serie de características.
Por lo que en el caso de la gallina, habría que ver de qué procede, y cuál era el método de reproducción de las anteriores especies para ver los cambios que se producirían de una generación a otra durante años y años hasta formar lentamente lo que llamamos “gallina”.
No vino ni el huevo ni la gallina primero.