
Leyendo una fascinante (como casi todas) entrada de Genciencia he redundado en los argumentos que me suelen venir a la cabeza durante distintos momentos del día acerca de la religión.
Ya, siento aburriros hablando siempre de lo mismo, y, por desgracia, siempre expongo mi tesis, pero nunca la argumento, pero es que me parece algo de lo más obvio, un axioma en sí.
En esta entrada tratan la fiabilidad de la ciencia y de la religión, como siempre, de manera muy respetuosa. Yo soy más tajante.
Seamos empiristas y no racionalistas por un momento: no en las ideas que podamos formar, sino en la realidad en la que vivimos, ¿hay magia?. No.
Somos seres humanos, tenemos emociones. Disfrutamos con una puesta de sol, un día con los amigos, la sonrisa de un niño, etc. Pero no hay magia ninguna. Nosotros le vemos encanto o desagrado a las cosas. Nosotros llevamos las gafas de un color u otro durante toda la vida. Si nos quitamos las gafas vemos los elementos que componen la realidad: una mesa, dos personas, un perro pequeño, un edificio amarillo…
Esto venía a que… Ay, tengo que aprender a ordenar las ideas…
En la entrada ya nombrada trataban la veracidad o falsedad de afirmaciones del Papa acerca de detalles sobre hechos en la época de Jesús, pero yo creo que no hay que examinar ahí. Si ahora nos damos un golpito en la cabeza y nos damos cuenta de que: “Eh, que la magia no existe, y ese hombre no resucitó”, no tendríamos que ponernos a buscar detalles posteriores a esa mentira.
No, a ver… Estoy pareciendo demasiado radical y cerrado a posibilidades, pero… Dios es una invención del ser humano. Es más probable que exista Papá Noel a que exista Dios. Somos conscientes de que nosotros inventamos a Papá Noel, ¿no? Creemos en Papá Noel, pero a su vez, obviamente, sabemos que Papá Noel no existe. Pasa exactamente lo mismo con Dios. Si nos centramos en este hecho primero, no tenemos que mirar si la Virgen lo era o no, qué hizo o no Jesús, porque ellos no son más que personajes en la novela de esta invención.
Antropológicamente, la religión ha sido uno de los principales pilares de cualquier cultura. Ha sido imprescindible. Presente desde los comienzos del hombre.
Si estás en un barco, hundido en el fondo del mar, y te queda poco aire, es menos doloroso pensar que no debes preocuparte, que pronto vendrán a buscarte, aunque sepas que no va a ser así, a pasar el resto de horas sabiendo que en cualquier momento dejarás de ser.
Creer que Dios existe es como creer que Super Man existe. Aunque comprendo perfectamente la necesidad de creer en Dios. La vida, sin las gafas, es muy triste. Triste para el que está acostumbrado a verla con gafas de colores… Yo, por ejemplo, siempre la he visto de manera objetiva (todo lo objetiva que se puede ver), sin anteponer mis preferencias, gustos u opiniones a lo que es o a como es una cosa (la objetividad se puede aplicar a cualquier campo).
Pero a pesar de comprender la necesidad de creer en algo más allá, no la respeto, ya que me parece un recurso débil: autoengañarse. Bueno… En realidad nos autoengañamos constantemente. Cada día. Para evitar cosas que no nos gustan.
Entonces, ¿es igual de aceptable autoengañarse acerca del sentido de la vida? No lo sé. Es complicado. La respuesta a esa pregunta no logro encontrarla, ya que depende de la situación en la que esté me veo más compasivo y lo acepto, y otras, me sigue pareciendo muy fácil y cobarde. Por lo que aún no puedo responder objetivamente a esa pregunta.
Lo que fomenta mi “desprecio”, si se puede llamar así, por la religión (llamando religión al conjunto de sociedades y creencias que se basan en la existencia de una divinidad) es que el juicio o sentido común de las personas creyentes se ve cegado. No puedes razonar con una persona que crea en Dios, ya que si de verdad pudieras, podrías hablar y estar ambos de acuerdo con la teoría de la evolución, con ello, que no existió Adan y Eva, con ello, que no es posible la regeneración celular de células muertas, ergo no se puede revivir… Y así desmontar cada mentira.
No es necesario ser experto en ninguna ciencia, solo con tener la mente abierta y poder llegar a una conclusión con las premisas que tenemos.
Tras toda esta exposición de mi tesis, he de decir que hay una posibilidad de que todo lo que comprendemos, en realidad no sea así, por lo que podrían existir Dioses, magia, vidas consecutivas, y cientos de cosas más. Pero precisamente por eso, como “todo” lo “decimos” los humanos, si no lo podemos probar, no pasa de ser una idea de una mente.
Lo que pasó con Dios es que se inventó, y se inventó de manera que tuviera todas las características para no ser refutado con otra idea. Ya que es invisible, omnipotente y no interviene… ¿eso no es lo mismo que nada? Atribuimos las cosas buenas a “gracias a Dios ha pasado esto”, sin embargo, cuando pasa algo malo no le echamos la culpa a Dios… Eso es un Dios que lo utilizas para lo que te interesa y para lo que no, no.
Por todo este potaje de ideas que creo que he ido dejando, quiero que entendáis que el ser humano puede imaginar mundos, seres fantásticos y muchísimas cosas más, pero la realidad que habitamos la conocemos por los sentidos, por lo que para decir “sí, esto es así”, debemos poder probarlo, si no, no es más que otra idea surgida de nuestra infinita capacidad de imaginación.
PD: Conclusión: respecto a la entrada que cité al principio, quería decir que nos debemos centrar en la mentira/creencia primera, que Dios existe. Por lo tanto, ya no tenemos que argumentar contra la Iglesia, el Papa, la Biblia… Todo se cae si le quitas la base.